El arte no es para todos

Alan Cabrera

Por Alan Cabrera

La cultura es un proceso sistematizador del mundo natural y social que implica descubrimientos y creatividad, transformaciones y perfeccionamiento.

 

Muchos filósofos, buscadores de la esencia de lo humano, enamorados del ser y de la trascendencia, han afirmado que el compromiso del HOMBRE radica en fomentar la creatividad cultural como única forma de dominar las fuerzas naturales, y así contribuir a la dinámica de la constante evolución del ser humano. Y es aquí donde encontramos a una de las grandes categorías de la cultura: EL ARTE

El arte y las humanidades son el vehículo viviente que nos transmite una verdad en la que nos vemos involucrados al unísono nosotros y la obra creada (así seamos creadores o espectadores); y que a la vez, al ser ésta la medida de nuestra comprensión, nos da las pautas para despertar ante nuestro entorno y hacia nuestra esencia.

Desde esta perspectiva tan íntima y personal, ¿puede el arte afectar de una manera colectiva?

¿Cómo puede ayudar a transformar una comunidad?

¿Puede el arte cambiar al mundo?

 

“Las artes abren fronteras entre culturas, pero también

entre disciplinas, generaciones y religiones”.

—Nobuko Miyamoto

Partiremos de una sociedad atemporal. Una sociedad afectada por la desconfianza, la pobreza y las guerras, en donde el arte bien podría parecer inútil. Una sociedad en donde existe un grupo de personas que con cinismo puede responder: “Sí, el arte puede cambiar al mundo”.

Con las artes, creamos algo nuevo. Aún si no todos somos artistas, estamos cada uno, a nuestra manera, deshomogeneizando la cultura, intentando construir una nueva percepción de nosotros mismos, el sentido de la posibilidad, y una manera diferente de ver. Empezamos a crear nuevas conversaciones que se cruzan más allá de los límites de lo común.

Este proceso de creación, cuando es organizado se vuelve un sistema que puede sanarnos y brindarnos apoyo en el recorrido de la vida, tanto si es cuestión de política, religión, tiempo, o lugar. Tomando en cuenta que debe realizarse desde su inicio, es decir, como causa, y no como una reacción.

Cuando alguien estudia arte para comprenderlo mejor, no sólo asiste a la academia de arte para aprender técnicas de dibujo o pintura, o pasos de baile. O al menos no debería ser así. Existen materias implícitas como la estética, la historia del arte, la sociología, y  religión, las cuales, debido a su gran contenido, pueden aportar muchísimas herramientas que hacen ver al estudiante un horizonte más amplio, en donde podrá ofrecer mejores propuestas de sus conceptos artísticos, y a la vez apreciar con mayor sabiduría las propuestas de otros artistas.

Podemos ver un gran ejemplo en el arte de construir edificios:

¿Por qué la mayor parte de las construcciones de una ciudad no cuenta con un valor arquitectónico digno de presumir?

En el año 2016, en México, el origen de los desarrollos inmobiliarios se dividía de esta forma:

14% de estos desarrollos eran gestionados por arquitectos

54% eran desarrollados por agentes financieros y banqueros

14% por industriales constructores

11% por vendedores

7% por inversionistas de diversas profesiones

La responsabilidad de las academias de arquitectura, además de la formación con la enseñanza de métodos y conocimientos estéticos, debería ponderar también la trascendencia de esos conocimientos a un mundo tangible, mediante una educación integral que tenga como resultado una valorización del artista y su obra. Ciudades hechas por artistas, no por financieros. Todos tenemos derecho a la belleza.

Cuando las obras de arte logran su cometido, se vuelven autosuficientes. Atraviesan los siglos por sí solas hasta llegar a tener un carácter objetivo; sin embargo, esto no significa que su existencia sea meramente su mismo fin.

La esencia de una obra de arte no radica en la pulcritud que conlleve la madera tallada o la complejidad del contrapunto utilizado en una fuga, sino en una “virtud” que emana sólo cuando se refleja el espíritu de un espectador entendido. Por eso sólo llega a existir cuando es percatada por quien mantiene esa visión consciente. La obra de arte vive en la consciencia del espectador, pero esta afirmación no implanta la idea de que la cuestión estética sea algo subjetivo.

El objeto artístico mantiene el concepto de una forma intangible que se desprende de la obra. Avanza y atraviesa por un medio sin ser captada, hasta que colisiona con un objeto que le refleja, y así es percibida por la sensibilidad de quien sabe contemplarla.

De esta forma, no se puede decir que la “imagen” es un producto de una pantalla, aun si sólo gracias a ella logra convertirse en una señal captada. Así, tampoco se puede decir que el arte es subjetivo, aun cuando vive sólo si es captado por el espectador. El arte se encuentra en todos lados, pero tal vez no es para todos. Aún así, el arte es el que ha cambiado al mundo a través de los siglos.