A través de la historia, muchos conceptos de belleza, gusto, moda, estilo y creatividad han sido materia más o menos útil para definir al arte; no obstante, estas definiciones evolucionan para después retornar y luego volver a cambiar.
El único concepto invariable que nos consta es que el arte, tanto para artistas como para espectadores, es una extensión de nuestro reflejo, nuestro espíritu cristalizado en la materia dispuesto a enseñarnos que, de otra forma, intentar definir al arte sería intentar definir la individualidad de todos y cada uno con unas cuantas palabras.
Es bueno, pues, que esta definición continúe siendo ese lienzo en blanco que no pone límites a nuestro espíritu.